Cómo cuidar la piel sensible del bebé
La piel del bebé es extremadamente delicada: es más fina, pierde humedad más rápido y reacciona con facilidad ante cambios de temperatura, fricción, humedad o productos irritantes. Por eso, las irritaciones como la pañalitis y la dermatitis son frecuentes durante los primeros meses. La clave está en prevenir, detectar a tiempo y actuar con suavidad.
1. Pañalitis: la irritación más común
La zona del pañal se mantiene húmeda y en contacto continuo con residuos, lo que facilita la aparición de enrojecimiento, ardor y molestias.
Cómo prevenirla:
Cambia el pañal con mayor frecuencia, incluso si aún no parece lleno.
Limpia con agua tibia o toallitas hipoalergénicas sin perfume.
Deja la piel al aire libre unos minutos antes de colocar un nuevo pañal.
Usa una capa fina de crema con óxido de zinc para crear una barrera protectora.
Cuándo preocuparte: si aparecen puntos rojos intensos o la irritación no mejora en 48 horas, podría tratarse de infección por hongos y requerir tratamiento específico indicado por el pediatra.
2. Dermatitis atópica: piel seca e irritada
La dermatitis atópica es una condición inflamatoria que provoca resequedad, descamación y picor, especialmente en mejillas, brazos y piernas.
Cuidados esenciales:
Baños cortos con agua tibia, sin tallar la piel.
Utilizar limpiadores suaves, sin sulfatos ni fragancias.
Aplicar crema o ungüento hidratante dos veces al día para reforzar la barrera cutánea.
Usar ropa de algodón y evitar telas sintéticas o ásperas.
Factores de riesgo: clima seco, calor excesivo, saliva en mejillas (por la etapa de babas) y predisposición genética.
3. Irritaciones por saliva y succión
En la etapa en la que el bebé babea mucho o se chupa las manos, la zona alrededor de la boca puede enrojecerse.
Cómo manejarlo:
Limpia suavemente la zona sin frotar.
Aplica una crema hidratante neutra para restaurar la piel.
Mantén el área seca, pero no en exceso (evitar resecar la piel).
4. Erupciones por calor (sudamina)
Ocurren cuando el sudor queda atrapado en los poros, generando pequeñas ampollitas o granitos.
Qué hacer:
Vestir al bebé con ropa ligera y transpirable.
Mantener el ambiente fresco.
Evitar cremas pesadas que puedan obstruir los poros.
5. Productos seguros para su piel
La regla es simple: menos es más.
Elige productos dermatológicamente probados para bebés sensibles.
Evita perfumes, alcohol, colorantes y parabenos.
Lava su ropita con detergente suave y sin suavizantes.
Haz pruebas en una pequeña zona de su piel si introduces un producto nuevo.
6. Señales para consultar al pediatra
Acude a valoración si la piel presenta:
Ampollas, costras o secreción.
Fiebre acompañando una irritación.
Lesiones que no mejoran con cuidados básicos en 3–5 días.
Picor intenso que afecta el sueño.
La piel del bebé requiere atención diaria, pero con una rutina simple —higiene suave, hidratación y productos seguros— es posible evitar la mayoría de las irritaciones. Cuando se trata de pañalitis, dermatitis o cualquier molestia, actuar a tiempo marca la diferencia para que la piel del bebé se mantenga sana, protegida y libre de molestias.
Diabetes gestacional: cómo afrontarla sin poner en riesgo a tu bebé
La diabetes gestacional aparece durante el embarazo cuando el organismo de la madre no logra controlar adecuadamente los niveles de glucosa en sangre. Suele diagnosticarse entre la semana 20 y la 24 mediante una prueba de tolerancia a la glucosa y, en la mayoría de los casos, desaparece después del parto. Sin embargo, si no se trata a tiempo, puede aumentar el riesgo de obesidad y enfermedades cardiovasculares en el futuro bebé.
Los médicos suelen sospechar diabetes gestacional cuando se observa un aumento de peso excesivo en la futura mamá o cuando hay antecedentes familiares de diabetes. Durante el embarazo, la placenta produce hormonas que dificultan la acción de la insulina; si el páncreas no compensa esta demanda extra, los niveles de azúcar suben y se produce el trastorno.
¿Quién tiene mayor riesgo?
Son más vulnerables las mujeres con antecedentes familiares de diabetes, las que han tenido embarazos previos con diabetes gestacional o bebés de más de 4.5 kg, así como aquellas con sobrepeso u obesidad antes del embarazo. La edad materna avanzada también incrementa el riesgo.
¿Cómo se diagnostica?
La prueba más utilizada es la curva de tolerancia a la glucosa. Se extrae sangre en ayunas, la embarazada bebe una solución con glucosa y se realizan mediciones posteriores. Si los valores superan los rangos normales, el médico confirma el diagnóstico y decide el tratamiento.
Consecuencias para el bebé
Cuando la diabetes gestacional no se controla, el feto recibe más azúcar de la necesaria y puede crecer por encima de lo esperado. Esto aumenta la probabilidad de un recién nacido “macrosómico” y de complicaciones en el parto. A largo plazo, estos bebés tienen mayor riesgo de desarrollar obesidad, síndrome metabólico y enfermedades cardiovasculares.
Alimentación y cuidados
El pilar del tratamiento es una dieta equilibrada diseñada por el nutriólogo: baja en azúcares simples, con abundantes verduras, frutas en porciones adecuadas, proteínas magras y grasas saludables. Se recomienda evitar bebidas azucaradas, dulces y edulcorantes, y preferir alimentos ricos en fibra. La actividad física moderada, siempre supervisada, ayuda a mejorar el control de la glucosa.
En algunos casos, cuando la dieta y el ejercicio no son suficientes, el especialista puede indicar insulina en dosis bajas hasta el momento del parto.
Herramientas de seguimiento
Además de los controles de glucosa, la ecografía 3D-4D puede ayudar a valorar la cantidad de grasa subcutánea del feto, el crecimiento, la cantidad de líquido amniótico y la distribución de la grasa corporal. No es una prueba rutinaria, pero resulta útil cuando se sospecha un crecimiento acelerado o alguna complicación.
Con un diagnóstico temprano, una buena alimentación y seguimiento médico, la mayoría de las mujeres con diabetes gestacional tienen embarazos saludables y bebés sanos.
Protege su boquita: señales de alerta y cuidados básicos
La boca del bebé es una ventana al mundo: con ella explora, siente y se relaciona. Por eso, cualquier alteración —enrojecimiento, ardor, manchas, aftas o pequeñas llagas— merece nuestra atención. Aquí te explicamos los problemas más frecuentes y cómo actuar.
Algodoncillo: manchas blancas en las mejillas
Durante los primeros meses, pueden aparecer pequeñas placas blancas en el interior de la boca, con aspecto similar al de la leche cortada. Se trata de una infección por hongos llamada candidiasis oral, frecuente después del parto porque el hongo responsable forma parte de la flora vaginal que pasa al bebé.
Tratamiento: el pediatra recetará gotas o gel antifúngico. Puede ser útil aplicar gasas estériles humedecidas para limpiar suavemente las placas.
Herpes labial
El virus del herpes simple causa ardor, comezón y posteriormente “fuegos” en los labios. Las ampollas se llenan de líquido y luego forman costras que se desprenden solas.
Para evitar contagios:
Evita que el bebé toque tus lesiones.
No permitas besos en la boca.
Lávate las manos con frecuencia.
Tratamiento: en brotes intensos, el pediatra puede indicar antivirales específicos.
Aftas: llaguitas dolorosas
Son pequeñas lesiones blanquecinas dentro de la boca que causan dolor, molestias al comer e incluso fiebre leve. También pueden aparecer por una infección viral como el herpes tipo 1.
Tratamiento: el pediatra recomendará analgésicos o geles calmantes. Aliméntalo con productos frescos y suaves.
Síndrome boca-mano-pie
Es una infección viral muy común que provoca ampollitas en la boca, las manos y los pies. Generalmente desaparece en una semana.
Tratamiento: ofrecer alimentos fríos, buena hidratación y evitar comidas irritantes. Mantén una higiene estricta de manos y juguetes.
Video: Viajar embarazada: qué debes tener en cuenta
¿Viajar embarazada? Sí se puede… pero con estos tips que nadie te dice y que te salvan el viaje. Léelos antes de armar maletas.
Lo que nadie te dice del postparto
La verdad detrás de las primeras semanas después de dar a luz
El postparto es un territorio del que todos hablan… pero pocos describen con honestidad. Se idealiza como un momento lleno de amor, calma y conexión inmediata. Y sí, hay instantes mágicos. Pero también hay cambios físicos, emocionales y mentales que muchas mujeres no esperan, y que merecen ser nombrados sin tabúes. Este artículo busca justo eso: poner luz donde normalmente hay silencio.
1. Tu cuerpo no “regresa”, se transforma
Después del parto, el cuerpo pasa por un proceso de reajuste intenso.
El útero tarda semanas en volver a su tamaño.
Los sangrados pueden durar hasta 40 días.
Los dolores de las contracciones postparto (entuertos) sorprenden a muchas mujeres por su intensidad.
La hinchazón, los sudores nocturnos y los cambios en el apetito son normales.
No es retroceder: es reconstruirse desde cero.
2. El cansancio es real… y profundo
El sueño ya no se acumula; se fragmenta. El bebé come a demanda, día y noche, y eso puede dejar a la mamá con una sensación constante de agotamiento físico y mental. No es debilidad, es fisiología. El cuerpo está en modo recuperación y al mismo tiempo en modo cuidado 24/7.
3. La montaña rusa emocional es parte del proceso
Del llanto a la risa, de la euforia al miedo: las emociones se disparan.
Las hormonas cambian drásticamente y, con ellas, la percepción de todo. El famoso “baby blues” afecta a la mayoría de las mujeres los primeros días.
Lo importante: saber detectarlo y diferenciarlo de una depresión posparto, que necesita atención profesional.
4. El vínculo no siempre es inmediato
A pesar del discurso romántico, hay mamás que no sienten una conexión instantánea con su bebé. Esto es normal. El vínculo se construye día a día, en la rutina, el contacto y el cuidado constante. No es una señal de mala maternidad; es una señal de humanidad.
5. Amamantar puede doler… y frustrar
Se habla del “instinto natural”, pero la realidad es que la lactancia puede ser un proceso difícil:
pezones agrietados
mala postura
agarre incorrecto
dolor al subir la leche
ansiedad por la cantidad de leche
La lactancia se aprende, se acompaña y se ajusta. No se da por hecho.
6. La soledad del postparto existe, aunque estés rodeada de gente
Muchas mujeres sienten que nadie las entiende del todo, ni siquiera su pareja. El ritmo cambia, la rutina se rompe, las prioridades se transforman. Aunque haya visitas, atención o apoyo, la experiencia íntima del postparto puede sentirse profundamente solitaria.
Nombrarlo ayuda a no cargarlo en silencio.
7. Tu relación de pareja se mueve, tiembla y se reorganiza
La llegada del bebé exige una renegociación de roles. La comunicación, la paciencia y el trabajo en equipo se vuelven indispensables. No es que la relación se rompa, es que se reconfigura… y eso también tiene su curva de aprendizaje.
8. No tienes que poder con todo
El mito de la “supermamá” es dañino. En el postparto, pedir ayuda es una señal de fuerza, no de incapacidad. Delegar, descansar y dejar tareas en manos de otros no solo alivia: es necesario para la salud física y emocional.
9. Sanar toma tiempo… más del que te dijeron
El postparto no dura 40 días. Dura mucho más. El cuerpo tarda meses en estabilizar sus hormonas. El piso pélvico, los músculos abdominales y la energía general necesitan rehabilitación.
El postparto real es un proceso, no un plazo.
10. No estás sola, aunque así lo sientas
Miles de mujeres pasan por lo mismo, pero pocas lo cuentan con franqueza. Hablar del postparto sin romantizarlo es un acto de autocuidado y de comunidad.
Tu experiencia importa. Tus emociones son válidas. Y tu ritmo es perfecto tal como es.
5 tips para pasarlo de la cuna a la cama
1. Observa las señales de madurez.
Si ya escala la cuna, pide “cama” o entiende límites, es buen momento.
2. Hazlo entre los 18 meses y 3 años.
No antes: necesitan seguridad y control motriz.
3. Empieza con una cama baja o montessori.
Reduce riesgos y les da sensación de autonomía.
4. Mantén la rutina nocturna igual.
Misma hora, mismo ambiente, mismo ritual = transición suave.
5. Acompaña los primeros días.
Quédate unos minutos, dale seguridad y luego retírate poco a poco.
Actividades Montessori para niños de 18 a 30 meses
Autonomía, orden y descubrimiento en la vida diaria
Entre los 18 y 30 meses, los niños atraviesan una etapa de intensa exploración: quieren tocar, probar, imitar y participar en todo. Este periodo es perfecto para introducir actividades Montessori, cuyo propósito es fomentar la independencia, la coordinación motora y la confianza en sí mismos. Todo a través de tareas simples, reales y adaptadas a su tamaño y habilidades.
1. Transferencias: pasar objetos de un recipiente a otro
Esta actividad clásica mejora la motricidad fina, la concentración y la coordinación ojo-mano.
Puedes usar garbanzos secos, tapas grandes, esponjas o pelotas pequeñas. El objetivo es simple: mover de un lado a otro sin derramar.
2. Servir agua con una jarrita
A los niños les encanta manipular agua. Usar una jarra pequeña y dos vasos les permite practicar precisión, fuerza y control del movimiento. Coloca una bandeja para contener derrames y deja que repitan tantas veces como quieran.
3. Clasificación por color, forma o tamaño
Para este rango de edad, clasificar objetos es un ejercicio fundamental de razonamiento lógico. Botones grandes, pompones, bloques o tapas funcionan perfecto. Cuatro categorías máximo para no saturarlos.
4. Enhebrado con objetos grandes
Usa cuentas grandes, pajillas cortadas o pasta de agujero ancho. El enhebrado desarrolla paciencia, coordinación fina y preparación para habilidades futuras como escribir.
5. Abrir y cerrar
Cajas, frascos de tapa grande, broches o cierres sencillos. Este tipo de actividades ayudan a entender causa-efecto y fortalecen la motricidad fina de manos y dedos.
6. Juegos de vida práctica
Son los favoritos de esta etapa porque los hacen sentir “grandes”:
Quitar polvo con un paño pequeño
Regar plantas con una regadera ligera
Llevar cosas de un lugar a otro
Guardar juguetes en su canasta
Ayudar a poner servilletas o cubiertos seguros en la mesa
Estas tareas fomentan autonomía, orden y responsabilidad.
7. Rompecabezas simples y figuras para encajar
Los rompecabezas de 2–4 piezas, las figuras geométricas y los tableros de encaje desarrollan razonamiento espacial, paciencia y concentración.
8. Lectura y tarjetas de vocabulario
A esta edad absorben lenguaje como esponjas. Libros de imágenes reales, tarjetas con objetos del entorno y pequeñas historias ayudan a ampliar vocabulario y favorecer la comunicación.
9. Actividades sensoriales
Montessori enfatiza los sentidos como vía principal de aprendizaje.
Opciones fáciles:
Cajas sensoriales con arroz, avena o esponjas
Botellas sensoriales
Texturas: suave/áspero, frío/caliente, pesado/ligero
10. Espacios accesibles
Más allá de las actividades, Montessori se vive en el ambiente: muebles bajos, cestas accesibles, ropa a su alcance y un orden claro ayudan al niño a actuar con autonomía.
Introducir el cepillado de dientes sin volverlo una lucha diaria
Hábitos sanos, sin estrés ni batallas nocturnas
El cepillado de dientes es uno de los hábitos más importantes en la salud infantil, pero también uno de los que más resistencia genera. Es normal: los niños pequeños todavía no comprenden la importancia de la higiene bucal y suelen rechazar actividades que limitan su autonomía o implican sensaciones nuevas.
La buena noticia es que el cepillado puede convertirse en una rutina tranquila (incluso divertida) si se introduce de forma gradual, respetuosa y consistente.
1. Empieza desde antes de que salgan los dientes
Limpia encías y lengua con una gasita húmeda o dedal de silicón. Esto acostumbra al bebé a la sensación de higiene en la boca y facilita el paso al cepillo.
2. Elige el cepillo adecuado
Debe tener:
Cabeza pequeña
Cerdas suaves
Mango grueso y fácil de agarrar
Permitir que el niño manipule su propio cepillo refuerza la autonomía y reduce la resistencia.
3. Hazlo un juego, no una orden
Los niños aprenden a través de la imitación y la diversión.
Ideas útiles:
Cepillarse frente al espejo al mismo tiempo.
“Contarle” los dientes.
Usar canciones de 1 minuto.
Convertir el cepillado en una mini historia (“vamos a despertar a cada diente”).
El objetivo: generar emoción, no presión.
4. Mantén la rutina breve y constante
Dos veces al día, aunque sea rápido. La constancia enseña más que la perfección. Si el niño se inquieta, termina tú suavemente, sin regaños.
5. Deja que participe
Permite que “empiece él” y tú terminas el cepillado. Dale a elegir entre dos cepillos, dos pastas o dos vasos. La sensación de control reduce los berrinches.
6. Usa pasta dental especializada
Para menores de 3 años, una cantidad del tamaño de un grano de arroz. Elige una pasta sin ingredientes fuertes, aprobada para bebés/niños. Esto evita molestias o sabores que generen rechazo.
7. No obligues, acompaña
Forzar el cepillado puede generar miedo y resistencia. Si un día es difícil, respira, cambia el enfoque y vuelve a intentarlo más tarde. La clave es la experiencia positiva, no la perfección inmediata.
8. Refuerza lo positivo
Celebra pequeños logros: “¡Qué bien abriste la boca!”, “¡Hoy tú lo hiciste solito!”.
El refuerzo positivo construye hábitos duraderos.
9. Cuidado con la pantalla como distractor
Puede funcionar ocasionalmente, pero no debe ser la herramienta principal. Queremos que el niño entienda la rutina, no que dependa de una pantalla para cooperar.
Si hay manchas blancas, mal aliento persistente o dolor al comer, una revisión temprana es clave para evitar complicaciones.
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